viernes, 1 de febrero de 2013

Los ojos del perro siberiano.


Uno nunca termina de conocer del todo a las personas —me dijo—, ni aún a las más
cercanas, padre, madre, hermanos, hermanas, marido, mujer. Siempre hay una zona de
cada uno que permanece a oscuras, alejada por completo de los demás. Una zona de
pensamientos, de sentimientos, de actividades, de cualquier cosa. Pero siempre hay un
lugar de nosotros en el que no dejamos que entre nadie más. Yo creo que eso es lo que
hace a las relaciones con los demás tan interesantes, esa certeza que, aunque nos lo
propongamos, nunca los vamos a conocer del todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario